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DEMASIADO JOVEN PARA MORIR

February 25, 2011

NATASHA LINDSTROM / DAILY PRESS

HESPERIA • Clarisse Bruins parecía más feliz cuando ayudaba a otros — desde empacar comida para amigos que sabía no tendrían dinero para almuerzo hasta ofreciendo a sus cinco hermanas consejos de moda y maquillaje.

La joven estudiante de Hesperia High School de 15 años de edad se deleitaba en leer las series de Harry Potter y Twilight de principio a fin, disfrutaba ayudando a mamá a cocinar y era conocida por su rápido ingenio — sus hermanas decían que el sarcasmo corría por su sangre.

Lo que su familia no sabía era que bajo su benevolente y fuerte exterior, Clarisse estaba escondiendo dolor que crecían tan abrumador que decidió tomar su propia vida.

Murió el jueves 17 de febrero después de seis días en vida asistida tras sobredosis de pastillas para el dolor prescritas.

Los parientes se sintieron aturdidos. Clarisse tenía muchos buenos amigos y no mostraba signos de ser una chica deprimida.

Su tío, Mario Gutiérrez, dijo fue hasta después de su muerte que supo — a través de leer parte de una nota suicida y hablando con sus amigos íntimos — que Clarisse pudo haber enfrentado tormento en escuela por su peso y apariencia.

Él piensa que la intimidación pudo haber sido un factor importante en su estado depresivo, Gutiérrez, que visitaba a Clarisse semanalmente, también notó que ella había perdido una cantidad significativa de peso en meses recientes.

Sin embargo, los padres y hermanas de Clarisse dijeron no podían confirmar que Clarisse había enfrentado alguna intimidación en la escuela. Su padre, madre y hermanas dijeron saber que Clarisse tenía algunos problemas con su propia imagen, pero no habían observado que bajara tanto peso, solamente adelgazando un poco mientras crecía.

Ellos señalan las propias palabras de Clarisse en una nota suicida: esto no es culpa de nadie. Ningún evento solo me llevó a esto, y si tienen que culpas a alguien, cúlpenme a mí”.

“Ella no habló conmigo o su mamá acerca de algo específico que pudiera provocar algo como esto”, dijo Anthony Bruins, padre de Clarisse. “Ella se echaba mucho en ella misma. No quería deprimir la gente o preocuparlos ... Tenemos muchas preguntas sin respuestas”.

La madre de Clarisse, Sofía Bruins, encontró su hija derrumbada en su recámara, respirando pero inconsciente, como a las 7 a.m. el 12 de febrero. Clarisse dejó tres notas suicidas, dirigidas por separado a “familia”, “amigos” y “para todos”.

“Para nosotros esto fue un duro golpe”, dijo Sofia Bruins. “Un tremendo golpe ... ella escondió esos problemas tan profundamente que fue difícil remediar”.

La familia estima que fue entre 2 y 3 a.m. que Clarisse se tomó las pastillas que tomó del gabinete de medicina de su madre.

La familia estuvo durante tres días a un lado de la cama de Clarisse en Loma Linda University Medical Center, con la esperanza que sobreviviera. Ella periódicamente abría los ojos y les apretaba sus manos — hasta que el 14 de feb., excesiva hinchazón del cerebro llevó a los doctores a declarar a Clarisse con muerte cerebral el 15 de febrero.

El jueves por la noche, con el permiso de la familia, Clarisse fue desconectada de aparatos que la sostenían y sus órganos fueron sacados para donaciones. Oficiales del forense del Condado de San Bernardino investigan la muerte como un suicidio, dijo la portavoz Sandy Fatland.

Clarisse fue la tercera mayor de seis muchachas, de edades de 11 a 22, y un niño de 4 años, y vivía con su mamá, voluntaria de una iglesia.

“Sabíamos que tenía dolor. Pero creo que mientras el tiempo pasaba comenzó a negar lo fabulosa que era”, dijo su hermana Lynda Bruins, de 22 años. “Ella siempre ponía una cara de felicidad”.

Su hermana Angel Bruins, de 21, dijo “como la mayoría de chicas adolescentes, (Clarisse) tenía problemas con su apariencia”.

“Seguido decía cosas como que era fea, o decía a sus hermanas que se sentía ser bonita. No le gustaba su nariz” y le preocupaba su peso, dijo Angel Bruins.

Pero la familia nunca sospechó la magnitud de la preocupación de Clarisse.

“Ella quería proteger a sus seres querido. No quería que se preocuparan por ella. No quería que sintieran su dolor porque no quería que tuvieran dolor a causa de ella”, dijo Angel Bruins.

Philip Rodgers, científico evaluador de American Foundation for Suicide Prevention, dijo hay varias razones por las que los adolescentes no admiten pensar acerca del suicidio.

“Pueden estar avergonzados, quizá piensan que admitiendo los problemas es un signo de debilidad o falla, pudieran creer que nada puede hacerse para ayudar ...”, dijo Rodgers. “El suicidio es una conducta muy complicada y usualmente tiene múltiples causas contribuyendo — por consiguiente hace imposible explicaciones simples. Finalmente quizá nunca sepamos por qué está muchacha murió por suicidio”.

Una huella digital del pie de Clarisse en su perfil de Twitter y Google Buzz da un vistazo en la mente de una adolescente frustrado con problemas ocasionales de muchachos, meciéndose con la banda My Chemical Romance, perfeccionando su receta de galletas de azúcar y sintiéndose aburrida en la biblioteca de la escuela.

En mayo, hizo alarde que era “como la persona más chevere en el mundo” porque su voz cantante estaba sorprendentemente impresionante ahora”, e hizo varias bromas — “cuando la vida me da limones, los regreso en forma de jugo de uva y dejo la vida preguntándome cómo”.

También puso comentarios con indirectas de su soledad y tristeza.

En abril, puso en Google Buzz que había dormido 20 horas “cortesía prácticamente por pastillas para dormir”, y una semana después escribió, “me siento feliz. Y me da tristeza, porque no estoy acostumbrada a eso”.

El Superintendente de Hesperia Unified School District Mark McKinney dijo no había registros de Clarisse contactando maestros, compañeros de escuela o personal de la escuela acerca de estar siendo intimidada.

Cuando oficiales de la escuela fueron alertados de la condición de Clarisse, inmediatamente despacharon consejeros en penas a Hesperia High y a las escuelas de sus hermanas.

El día del intento de suicidio, Sofía Bruins dijo que su hija parecía más callada de lo usual y le preguntaba a su madre si ella la amaba y le daba abrazos y besos — algo que Sofia Bruins no la había visto hacer desde que era una chiquita.

Clarisse pasó el día sin clases bromeando con sus hermanas y viendo una película. Esa noche, Clarisse se fue a acostar más temprano de lo normal para ser viernes, alrededor de las 11:30 p.m., diciendo que le dolía la cabeza y tenía retorcijones.

A principios de la semana, Clarisse se había quejado con su mamá de no tener una cita en el Día de San Valentín, y su mamá le aseguró que no necesitaba un novio para ser feliz.

Sus calificaciones comenzaron a bajar el año pasado, pero ella parecía hacer esfuerzos conscientes para comenzar a subirlos en la mayoría de materias — para que su mamá estuviera orgullosa, dijo Anthony Bruins. Estaba involucrada en la clase de preparación para colegio de su escuela Advancement Via Individual Determination, y había hablado de llegar a ser psicóloga.

La mañana antes que los doctores quitaran a Clarisse de las máquinas, sus hermanas le dieron su última maquillada. Le sacaron la ceja, le pusieron un moño rojo en el pelo y pintaron sus uñas de rosa, su color favorito.

“Estaba hermosa. Las enfermeras y todos decían, ‘Qué hermosa muchacha’, dijo Lynda Bruins.

Mientras escarbaban por explicaciones en su muerte, parientes dicen perder a Clarisse ha propiciado que ellos se enfoquen en mantener líneas de comunicación y compartir sus sentimientos y problemas.

Una cosa es decir que siempre estás ahí para hablar acerca de cualquier cosa que aflija a tus hijos; es otra “callar y escuchar”, dijo Anthony Bruins.

“Debemos aprender a escuchar para que podamos entender lo que nos están diciendo”, dijo él. “Nosotros como padres tenemos que tratar de recordar regresar a ese lugar para comprender perfectamente por lo que nuestros (hijos) están pasando. Necesitamos bajar un peldaño y encontrar una manera para relacionarnos, descubrir una manera de comunicarse. Nuestros chicos necesitan que estemos a su nivel”.

Tr. Carmen V. Gutiérrez, El Mojave