Sobreviviente de cáncer observadora de juicios

DAVID PARDO, DAILY PRESS Lois Caldwell, que se mudó para Adelanto sola hace cinc

Residente de Adelanto asidua en sala de tribunal por cinco meses

TOMOYA SHIMURA / DAILY PRESS

VICTORVILLE • Con brazos y piernas cruzadas, Lois Caldwell se sienta silenciosamente en la galería de sala de tribunal, escuchando atentamente las preguntas de abogados a testigos en un juicio con jurado.

Caldwell, residente de Adelanto, se ha convertido en una característica en la sala de tribunal de Victorville desde que comenzó a ver juicios casi todos los días de la semana durante los últimos cinco meses. La señora jubilada de 71 años de edad dijo se recuperó de cáncer del seno hace un año y buscaba una razón para salir de su casa.

Cuando su hijo le dijo que los tribunales pudieran ser interesantes, se sentó en algunos juicios de asesinato — y bastante pronto, se hizo adicta.

“Cuando tenía que quedarme en casa, no tenía energía por el tratamiento contra el cáncer”, dijo ella. “Ahora me levanto por la mañana y tengo algo que hacer. Para mí, eso es muy terapéutico”.

Señaló que ver los tribunales es más emocionante que sintonizar “Judge Judy” o “The People’s Court” en casa porque esto es más real que dichos shows. También puede escuchar testimonios de expertos en DNA y armas. Ella aprende algo nuevo cada día.

Y todo es gratis.

Caldwell dijo ahora entiende mejor el sistema legal.

“Toma más de lo que pensé desde el arresto hasta la sentencia. Hay muchos pasos”, dijo ella. “Pero el sistema funciona. ... Me hace sentir bien saber que el jurado hace buenas decisiones”.

Caldwell dijo su juicio favorito hasta el momento fue el de asesinato de dos miembros de la pandilla de Inland Empire Peckerwood que fueron condenados por matar un hombre negro.

“(El fiscal) estaba tan bien preparado”, dijo ella. “Y sus preguntas fueron acertadas”.

Le impresionó la forma de manejarse del juez de dos jurados separados en dos juicios simultáneos en la misma sala de tribunal. El jurado tuvo que entrar y salir constantemente basado en la evidencia presentada en cada caso.

“Era como la coreografía de un ballet”, destacó Caldwell. “No parecía que hubiera ninguna imperfección. No sabía que se pueden tener dos jurados. Eso es lo que hizo engancharme”.

Según Help Abolish Legal Tyranny (ayuda para abolir tiranía legal), una organización de reforma legal sin fines de lucro conocida como HALT (por sus siglas en inglés), contempladores de tribunal pueden promover la seguridad pública del sistema judicial. Algunos grupos de contempladores ponen presión en jueces que ellos consideran ser poco profesionales o injustos. Otros buscan errores o abusos en la forma que la corte funciona; jueces que rutinariamente llegan tarde, toman demasiados recesos o fallan en disciplinar mala conducta en las salas de tribunales, de acuerdo a HALT.

Caldwell dijo algunos abogados se le acercan y le preguntan su opinión acerca de sus casos. Debido a que ve casi toda la evidencia y no toma partido en ninguna de las partes, ella es como un jurado simulado con quien los abogados pueden hablar durante un juicio.

El abogado defensor público Luke Byward dijo el definitivamente preguntaría a quienes ven los juicios su opinión sobre si tuvo o no un punto, si están disponibles. El fiscal Robert Brown también dijo que consideraría preguntarles sus opiniones si vieron toda la evidencia.

El asistente del procurador de justicia supervisor Britt Imes dijo tener audiencia pública en la galería ayuda a mantener un juicio abierto y justo.

“Es bueno para el sistema”, dijo Imes. “Nos mantiene a todos honestos”.

Pero por ahora, Caldwell simplemente disfruta mirando dramas humanos que toman lugar en una pequeña sala tribunal mientras conoce nuevas personas.

“Todos parecen ser tan cordiales”, dijo ella. “Las chicas en la seguridad, una vez que te ven un par de veces, te sonríen y hablan contigo”.

Al principio, un alguacil pensó que Caldwell era una escritora misteriosa en busca de ideas para historias en la sala del tribunal.

“Pero ahora me llama ‘Mrs. Caldwell’”, dijo ella con una gran sonrisa.

Tr. Carmen V. Gutiérrez, El Mojave