Con buen corazón para hospicio


Mar 06, 2010

HOLLY LA PAT / DAILY PRESS

Salazar ha sido voluntaria de hospicio por cerca de siete años, comenzando justo unos pocos meses después que su esposo murió mientras recibía cuidado de hospicio en casa.

“Me dijeron que sería mejor para mí esperar cuando menos un año”, dijo ella, “pero quise ir inmediatamente”.

Los voluntarios pueden ser entrenados para hospicio comenzando la semana entrante, a través de una clase ofrecida por Visiting Nurse Association of the Inland Counties, la cual maneja un programa de hospicio de la localidad. La clase de seis días provee 18 horas de entrenamiento.

“El asunto es tan sensitivo”, dijo Socorro Solorio, coordinadora de voluntarios en Visiting Nurse Association of the Inland Counties. “Es la razón por la que nuestro entrenamiento es tan importante y largo”.

En la clase, los voluntarios aprenden la importancia de comunicarse con compasión, al igual que muchos detalles prácticos de ayuda a pacientes y sus familias. El hospicio también ofrece oportunidades de ser voluntario en la oficina o en eventos comunitarios.

Todos los pacientes de hospicio son incurables, dijo Solorio, con diagnósticos de seis o menos meses de vida. Algunos pacientes pasan de eso. Pero en esos meses finales, el voluntario de hospicio puede ser una ayuda tremenda tanto para pacientes como para sus familias.

Muchos pacientes incurables están postrados en cama y no pueden dejarse solos, por lo que trabajo voluntario puede ser tan simple como permanecer con el paciente mientras los familiares hacen mandados, toman una siesta, van a comer fuera o simplemente toman algún tiempo para leer y relajarse.

Durante el tiempo del paciente en un hospicio, pueden desarrollarse fuertes lazos entre el paciente y quien brinda el cuidado. Salazar dijo que muchos de ellos han confiado en ella porque saben que ha sido entrenada para proteger su privacidad.

“Todo es tan confidencial y ellos saben eso”, dijo Salazar. “No hablarían con sus propias familias de ese modo”.

Proveedores de cuidado seguido forman vínculos igualmente con la familia. Salazar dijo que ella sigue en contacto con muchas familias con las que ha trabajado en el hospicio en los últimos siete años. Ella trata de asistir a funerales o servicios conmemorativos de cada paciente con el que ella trabaja. Eso le brinda a ella el cierre que necesita.

“Se encariña uno tanto”, dijo Salazar. “Uno reza, uno llora — hasta en el servicio, porque eres prácticamente parte de la familia”.

Pero pese a la pérdida, Salazar sigue considerando una experiencia hermosa ser voluntaria — uno no quiere rendirse.

“Amo la gente”, dijo ella. “Eso es todo”.

Tr. Carmen V. Gutiérrez, El Mojave